Llegamos al aeropuerto con mucho tiempo. ¡Menos mal! hay una cola inmensa para facturar, y después hay que pasar el control de policia. Al fin llegamos sin demasiados apuros a la puerta de embarque.
En Atlanta pasamos el control de inmigración, donde nos toman las huellas dactilares y una foto. Después recoger las maletas facturadas, pasar la aduana -nada que declarar- y vuelta a facturar para Salt Lake City. Después tenemos que trasladarnos al terminal A desde el terminal E en el que hemos desembarcado. Hay un tren subterráneo para comunicar los terminales. ¡El aeropuerto de Atlanta debe ser inmenso!.
Al llegar al aeropuerto de Salt Lake City tardamos una hora en desembarcar ya que la plataforma estaba averiada. Después de intentar repararla deciden cambiar el avión a otra plataforma.
Después de recoger el equipaje vamos a por nuestro coche de alquiler. ¡Un momento de incertidumbre! parece que no lo tienen disponible ¡reserve Vd con cuatro meses de antelación para esto!. Por fin -después de consultar con los colegas de la compañía de al lado- nos entregan las llaves de un Durango. Como no conozco los modelos americanos me temo lo peor, pero no, el coche es similar al Trailblazer que teníamos contratado, si no mejor.
Solo queda conducir hasta nuestro hotel donde llegamos sin problemas pero absolutamente agotados. ¡Llevamos casi 24 horas desde que nos hemos levantado! aunque aquí son solo las 10pm. César tiene hambre porque no ha comido nada en el avión así que David y yo le acompañamos a cenar. Sefa se queda en la habitación. Dada la hora no encontramos nada abierto y nos tenemos que conformar con unas galletas y patatas fritas compradas en la tienda de la gasolinera que hay frente al hotel.
¡La cama por fin! Mañana hemos de madrugar porque nos esperan algunas horas de carretera hasta llegar a nuestro destino.